miércoles, 5 de octubre de 2011

I love my box

Después de un abandono esporádico del blog…vuelvo para contaros qué está pasando por tierras holandesas. La entrada de hoy va dedicada a mi cubo o “my box” (que queda más internacional…).

Estos utrechienses tienen para todo y tan pronto te montan un festival de cine nacional como te construyen casas para estudiantes con cuatro chapas pintadas de colores. Y sí amigos, ahí es donde yo vivo, en pleno campus universitario (un auténtico chollazo cuando está lloviendo a chuzos y no tengo que coger la bici para ir a clase).

Básicamente, mi casa se reduce a 16 metros cuadrados. Eso sí, muy bien distribuidos. Y para variar, está lleno de artilugios que sólo podían estar diseñados por estos seres tan peculiares que son los holandeses (muy apañaos ellos, oye). En el baño, por ejemplo, tenemos el grifo-ducha, la luz que se enciende por una cuerda, el lavabo de dos centímetros cuadrados o el váter con el sobresaliente para dentro (lo cuál es muy útil para ver con claridad cómo vas de vientre cada día).

Otro aspecto que no tiene desperdicio es el entorno. Ni Heidi tenía tanta flora y fauna  en la montaña como la que yo tengo en la puerta de casa. De hecho, estoy por pillar de mascota a alguna de las ovejas que pastan aquí al lado, o uno de los cientos de conejos, patos, topos o pájaros (que parecen urracas pero que no lo son…) con los que convivo cada día en paz y armonía.

Pero sin duda, lo mejor de vivir en los cubos son mis vecinos… Qué sería yo sin mi colegas de pasillo (no sé si os he dicho que tienen un gran interés por la ciencia, por eso han decidido dejar toneladas de mierda a la entrada de la puerta, con el fin de crear un nuevo microorganismo).

Dejando a un lado estos motivados por la microciencia, mis vecinos favoritos son Nati y Nacho (ohhhh, momento sentimental). No puedo negarlo, mi vida no sería igual sin ellos. Cuan aburrida sería mi existencia si Nati no me picara a la puerta para ir a tomar café o sin que Nacho nos recibiera en gallumbos día sí y día también (o sin que a Nacho le saltara la alarma de incendios, o sin que Nacho tuviera una crisis existencial con sus paquetes de “comida” que, cito palabras textuales, “olían a sexo”, o sin que perdiera las llaves por la miniranura de su cubo…).

Y es que estoy segura de que no podía haber elegido un lugar mejor para vivir. Lo tengo todo, bueno…para no mentir…lo único que se puede echar en falta en este lugar es la fiesta (ya que con tanto bicho y tanto verde, no hay un miserable pub para bailar a mil kilómetros a la redonda). Aunque ya hemos encontrado remedio a eso… pero esa será otra historia.

Informa, Nerea Sanz desde Utrecht. 



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